El final es lo que cuenta


Cuando abrimos un libro, las primeras líneas y nosotros compartimos la impaciencia de iniciar una relación inolvidable. Las palabras, ansiosas por seducirnos, inoculan los gérmenes del relato, desencadenan las claves de un universo por explorar, crean una expectativa de disfrute que nos unirá al relato hasta el final, e incluso más allá de él.
Pero yo prefiero los finales, se anuncian a sí mismos por los pocos párrafos que quedan, contienen una emoción auténtica, que no necesita artificios, porque casi todo ya está dicho. Las últimas frases de cualquier relato adquieren resonancia por el simple hecho de ser las últimas. produciendo muchas veces una extraña sensación de pérdida, la de una historia que ya es nuestra y que se nos escapa. Pero por ser últimas no son necesariamente las definitivas; en ocasiones dejan abierta la posibilidad de continuar, en otros libros, en otro tiempo, en una impalpable dimensión literaria.
Este proyecto es un viaje al mundo de los finales, de los epílogos, de las últimas palabras. El orden es el arbitrario que adoptan los libros en sus estanterías. Si a alguien le inspira una nueva lectura, cumplirá su objetivo: la reencarnación de un final en el inicio de otra aventura.

5.7.10

Auster, Paul - La invención de la soledad (1982)

Trad. Mª Eugenia Ciocchini
Retrato de un hombre invisible (1979)
"Me pregunto qué sacará en limpio de estas páginas cuando tenga edad para leerlas.
La imagen de su cuerpo pequeño y feroz, dormido en su cuna en la planta de arriba. Para terminar."

El libro de la memoria (1981)
"Encuentra otra hoja de papel. La coloca ante sí sobre la mesa y escribe estas palabras con su pluma:
Fue. Nunca volverá a ser. Recuérdalo."
Soy un fan de Auster, he leído sus más de 20 novelas, quizás esperando recobrar las sensaciones que me produjo en su día la Trilogía de Nueva York. Su trayectoria desigual me ha causado siempre perplejidad, pero en todas sus narraciones siempre he podido encontrar una situación o acontecimiento inolvidable.


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